Si la minifalda en el colegio es un problema para los hombres a los que les ‘cae el ojo’

No hay minifalda en la escuela, no por razones de código de vestimenta, sino para evitar que los maestros “caigan en el ojo”.

Esta habría sido la petición que el subdirector del instituto Sócrates de Roma, en el barrio de Garbatella, habría dirigido a un alumno de quinto de primaria: evitar las faldas cortas para no invitar implícitamente a los profesores varones a estirar los ojos en las piernas.

Con respecto a la historia, el condicional es imprescindible, porque, como explicó a servicio de mensajería el decano del instituto romano Carlo Firmani, “aún no se ha recibido confirmación fáctica o documental y estoy a la espera de recibir aclaraciones de los estudiantes para poder proceder, una vez esclarecida la identidad de las personas involucradas en el presunto episodio, respecto de todas, a las investigaciones del caso.“.

Aún así, los estudiantes de último año parecen muy precisos al informar el episodio:

El primer día de clases, el subdirector, entrando al salón de clases para dar comunicaciones, luego llamó a un amigo mío, que ese día vestía falda – explicó una niña, escuchada por La impresión – Le dijo que no había necesidad de vestirse así, que era provocativo, que a algunos profesores les podía ‘caer el ojo’. Y hasta donde sabemos, la misma frase también se dijo a otros estudiantes.

Así que las niñas, en el cuarto día de clases, iniciaron una protesta pacífica, presentándose todas con las piernas desnudas, siguiendo el modelo de lo que hacían las alumnas francesas, que tiraban hashtags como # lunes14septiembre y # liberazionedel14 han impulsado en las redes sociales una verdadera campaña contra los impuestos sobre la ropa, también gracias al clamor que suscitó lo ocurrido en el Musée d’Orsay, donde a un visitante se le negó el acceso por un escote considerado excesivo.

El colectivo feminista Ribalta, nacido este verano, también ha colgado un cartel fuera del instituto

No es culpa nuestra que se caiga el ojo

Una clara señal contra el sentido explícitamente sexista que tendría la sentencia del subdirector, si se pronunciara.

Ir a la escuela con falda fue una respuesta espontánea – lo dieron a conocer por el colectivo político Galeano y feminista Ribalta – No nos interesa el episodio único, esta es una oportunidad para enfocarnos en el rol de la escuela y la comunidad escolar. La escuela es y debe ser una fuerza impulsora para socavar la cultura que hace que las niñas y mujeres sean objeto y culpables. Es en las aulas donde se forman los ciudadanos del mañana, y es desde allí donde debe empezar una nueva conciencia de nuestro cuerpo y nuestra forma de ser.

Sócrates y su comunidad de estudiantes y profesores y profesores siempre nos han enseñado esto, a conocernos a nosotros mismos y a nosotros mismos y a ser libres y libres para expresarnos. Que este sea el momento y el lugar para iniciar una verdadera revolución cultural y social, que hoy es más necesaria que nunca.

Poco importa que alguien intentara explicar que el motivo de esta solicitud sería la falta de pupitres, ordenados a través de la maxi convocatoria de Arcuri pero aún no llegados, lo que expondría a los alumnos a una atención excesiva por parte de profesores varones. Realmente parece bastante evasivo atribuir la culpa de “un ojo que cae” a la situación debida a Covid, de hecho, implicaría que para frenar las miradas lascivas son sólo los escritorios y no la voluntad misma de los profesores.

Tampoco se trata de si hay legitimidad para pedir un código de vestimenta acorde a la ocasión, o de comparar las razones de quienes lo imponen (o lo solicitan) con las de la libertad de expresión: la cuestión es que la ropa no se puede juzgado inadecuado sólo porque corre el riesgo de atraer la atención de los hombres.

De lo contrario no podemos salir de ese círculo vicioso, en el que estamos empantanados, así que si un hombre se permite ir más allá en su comportamiento con respecto a una mujer es siempre y solo porque la mujer lo provocó, con su forma de vestir. o hacer. No podemos salir de la culpa de la víctima, razón por la cual muchos incluso logran encontrar justificaciones o atenuantes de la violencia sexual.

En definitiva, no podemos liberarnos de esa percepción de culpa dominada por los hombres al ser divididos por la fuerza en dos, por lo que siempre y en todo caso podemos encontrar en la mujer una corresponsabilidad de lo que sufre por parte del hombre. Y en esto tienen razón los colectivos feministas Galeano y Ribalta: si la escuela es el lugar fundamental para poder deconstruir ciertos prejuicios, invitar a los alumnos a cubrirse las piernas, y no a los profesores varones a no dejar “caer la mirada” realmente la peor forma de hacerlo.