Relación tóxica: cómo reconocer una y cómo salir de ella

A muchos les puede haber pasado, en su vida, sentirse como si estuvieran “atrapados” en una relación, de la que no podían salir por miedo a perder hábitos, o lastimar al otro. Pero no dejar a una persona está muy lejos de estar atrapado en una relación tóxica, que es extremadamente peligroso y del que hay que aprender a escapar.

Incluso hubo una película de 1983, Amor tóxico, cuya trama se centró en el consumo de heroína tan extendido entre los jóvenes de los años ochenta. En realidad, sin embargo, las relaciones tóxicas ciertamente no son las que se basan en el consumo de drogas, sino aquellas que, como esta última, aún conducen a una especie de círculo vicioso o adicción.

No hace falta decir que “nunca me pasará a mí”, porque caer en una relación tóxica es más fácil y más frecuente de lo que piensas. Para intentar gestionarlo y salir de él, obviamente es muy importante saber de qué estamos hablando, así que comencemos por definirlo.

¿Qué es una relación tóxica?

Hablamos de relaciones que inicialmente parecen funcionar muy bien y, a menudo, incluso dan la impresión de ser muy fuertes, pero en realidad esto es solo un ‘apariencia superficial, porque en el fondo se basa en mecanismos patológicos muy elevados y peligrosos.

Para delinear una relación tóxica, algunos pueden examinarse patróno patrones de comportamiento, recurrente, que a menudo y voluntariamente conducen a tal relación.

3 ejemplos de una relación tóxica

relación tóxica

Algunos de los patrones más frecuentes que generan relaciones tóxicas son:

  • Relación sadomasoquista: descrito por el psicoanalista Nancy McWilliams basado en la personalidad masoquista (o autodestructiva), propia de algunas mujeres (pero también hay casos masculinos, por supuesto) maltratados desde temprana edad que eligen parejas sádicas, o llegan a sacar a la superficie los peores aspectos de una pareja inicialmente cariñosa. Según el psicólogo estadounidense Martillo Emmanuel, el masoquista es “una persona deprimida que todavía espera”, y cree que el sufrimiento es el precio a pagar por una relación. En la cabeza de una persona masoquista, sufrir para mantener un vínculo es mejor que estar solo.
  • Dependencia afectiva: los que la padecen no pueden prescindir de otra persona, y excluyen las amistades y otras relaciones para concentrar todas sus energías en esa relación. A veces ambos socios son codependientes, otras veces es solo uno, mientras que el socio que se aprovecha de esta condición es generalmente un narcisista que alimenta su autoestima de esta manera apoyándose en la debilidad del otro.
  • Lucha por el poder: en este caso ambos miembros de la pareja quieren asumir un papel preponderante, y aunque ya no hay la alegría de estar juntos, ni el amor, los dos siguen juntos, de forma exasperada. Este tipo de relación tóxica es muy común en familias donde los padres han decidido “estar juntos por los hijos”, y la prevalencia suele ser la enfado.

Es evidente que las relaciones “guiadas” por uno celos posesivo-obsesivo, desde constantes dudas sobre la sinceridad de la pareja, o relaciones en las que nuestra pareja nos hace sentir constantemente inadecuados, nunca a la altura, nunca lo suficientemente bellos, lo suficientemente buenos o inteligentes son parte de la lógica de la toxicidad, y sería bueno aprender a reconocer algunos señales, y luego actuar en consecuencia.

Lo que significa, en la gran mayoría de los casos, poner fin a la historia.

Las señales: ¿cómo manejar una relación tóxica?

Aprender a reconocer ciertos signos es fundamental para manejar la relación tóxica y escapar lo antes posible. Hay algunos realmente obvios, otros que pasan a escondidas porque son decididamente más sutiles y sutiles. Entre las manifestaciones más llamativas encontramos ciertamente el violencia física, porque, es importante recordar, ningún amor incluye violencia.

Pero podemos y debemos hablar de violencia incluso cuando es verbalcuando tratamos de manipular a la persona con la que estamos. Hablemos de todas esas formas de devaluación, sarcasmo, ofensas de pareja, en las que un miembro de la pareja se convierte en un matón.

Claramente un alta tasa de litigios implica que algo en la pareja no está funcionando como debería; porque, si es cierto que “el amor no es bello si no es una riña”, es igualmente cierto que un contraste excesivo en la pareja es indicio de una profunda fractura que no lleva a ninguna parte. Si no se escuchan, a veces no están dispuestos a refrenar su orgullo y no encuentran puntos en común para continuar, es bueno que todos sigan su propio camino.

No es una buena señal si estamos atrapados enansiedad, cuando tenemos que encontrarnos con la pareja; y obviamente no estamos hablando de las “mariposas en el estómago” que debemos sentir cuando estamos enamorados, sino cuando estamos en medio de verdaderos ataques de pánico, con latidos cardíacos acelerados, sudor y dificultad para respirar. Las personas tóxicas saben muy bien cómo generar ansiedad en su víctima, desarrollando una baja autoestima en esta última y drenando energía, serenidad y bienestar.

Cómo salir de una relación tóxica

relación tóxica

Después de analizar los signos y darte cuenta de que estás en una relación tóxica, debes encontrar el coraje para salir de ella. Empezando desde revisar algunos comportamientos pasados, saliendo de ese estado de negación en el que, inconscientemente, has caído: cuando estás con tu pareja ¿sientes que el tiempo está bien invertido y que vale la pena, o te sientes agotado por él / ella?

Luego analiza el presentepreguntándose qué tipo de emoción prevalece en ti: ira, culpa, alegría… Empiece con el recuperar tu vida anterior, retomando las actividades sacrificadas por la relación tóxica: volver a ir al gimnasio, escuchar a los amigos, salir con la familia.

Trabaja en la parte de ti que te llevó a una relación tóxica, preguntándote por qué necesitas al otro y cómo se desarrolló esta adicción. La psicoterapia es sin duda una ayuda eficaz para reflexionar sobre este aspecto.

Finalmente, si la situación es extremadamente grave, tener la fuerza para pedir ayuda: a familiares, amigos, fuerzas del orden.