Para Pippa Bacca, la novia más bella del mundo que no fue a buscarla

Su nombre era Pippa. Pippa Bacca.

Este, al menos, era el nombre artístico que había elegido. El suyo era definitivamente más largo, pomposo, ciertamente menos caprichoso: Giuseppina Pasqualino de Marineo.

Su historia con final triste se cuenta en una película, Estoy enamorado de pippa bacca, dirigido por el director Simone Manetti, llegando a los cines a partir del 5 de marzo (tráiler aquí); gracias a material de archivo inédito, entrevistas con su madre, hermanas, socia y colega Silvia Moro que la acompañó en ese trágico viaje en 2008, el docufilm, distribuido por la productora independiente Wanted Cinema, reconstruye el arte y La vida de Pippa, hasta esa última actuación con un vestido de novia, que le costó la vida en Gezbe.

Llevaba el arte en la sangre, el sobrino de ese Piero Manzoni a quien le debemos el desarrollo del arte conceptual, que había decidido tomar el mismo camino que su tío. Aunque a su manera. Con actuaciones únicas en su género, transformando objetos en otros objetos con, por ejemplo, el simple uso de tijeras (se han recortado las fotos de las personas que la llevaron en el coche para convertirlas en medio de transporte); con crochet, con el que creó formas que aluden al sexo; con el trabajo Mutaciones quirúrgicasEn cambio, cortó hojas recolectadas en un bosque para transformarlas en hojas de otras especies de plantas.

O con otros que combinaban el brío artístico con sus otras pasiones, como los viajes, por ejemplo.

El mismo que la impulsó a organizar, en colaboración con su colega Silvia Moro, Novias de gira, un proyecto que se inició el 8 de marzo de 2008 desde Milán, con dirección a Jerusalén, con el que los dos querían hacer autostop por once lugares conflictivos con un traje de novia, elegido no solo por su gran significado femenino y como recordatorio de las capacidades generativas de las mujeres, pero también y sobre todo como emblema de paz y hermandad, el mismo que Pippa y Silvia quisieron traer a esos lugares.

Durante el viaje, los dos se encontraron con la solidaridad de las mujeres locales: Bacca lavó los pies a las parteras como un homenaje a la vida, Moro confió su vestido a las bordadoras que conoció en el camino.

Después de pasar por Eslovenia, Croacia, Bosnia y Bulgaria, Pippa y su pareja llegaron a Turquía el 20 de marzo, desde donde debían continuar hacia Siria, Líbano, Jordania, Cisjordania e Israel, planeando llegar a Jerusalén a mediados de abril.

Excepto que en Instabul Pippa y Silvia se separaron, prometiendo volver a encontrarse unos días después en Beirut.

Allí, sin embargo, Pippa Bacca nunca llegará. El 31 de marzo de 2008 fue violada y asesinada en Gebze por el hombre que la llevó.

La muerte de Pippa Bacca, que sólo será encontrada el 11 de abril abandonada y mal escondida bajo un montículo de tierra, conmocionó inmediatamente a la opinión pública internacional; incluso que Erdogan, entonces primer ministro, que se declaró “profundamente entristecido” y que sin embargo, en 2016, fue el mismo para apoyar en el Parlamento el proyecto de ley de despenalización de los delitos de violencia sexual cometidos contra menores en los casos en que el culpable tenía la intención de casarse con la víctima, un proyecto de ley rechazado solo por las acaloradas protestas de la opinión pública y la intervención de organizaciones de derechos humanos.

Por supuesto, también están aquellos a los que se les ha ocurrido la clásica historia sentida y resentida de “si lo quisieran”; de “una mujer que va sola por el mundo pidiendo autostop sabe a lo que se enfrenta”.

El caso es que Pippa, como todas las demás víctimas de la violencia, no lo buscaba en absoluto. Y no solo porque, como contó su hermana Rosalía en la entrevista con Giulia Morello (en este enlace el tráiler del libro), solía usar el autostop para viajar (ya se puede ver en la serie). Más allá de 2004), no solo por motivos económicos sino sobre todo para conocer y relacionarse con las poblaciones locales. Giulia también ha hecho un video con motivo del décimo aniversario de la muerte de Pippa, # pregúntame por qué.

Pippa no lo buscaba porque confiaba en los hombres – entendidos como humanidad – para seguir ese camino de humanidad y paz que era el propósito principal de sus viajes. Se comprometió a sumergirse de lleno en las culturas ajenas, tanto es así que antes de irse el artista milanés había estudiado árabe durante más de un año. Por respeto, sentirse parte total de ese mundo que se preparaba para conocer, para llevar a cabo su misión de diálogo.

Pippa no fue ingenua, está claro; sino una mujer madura consciente de los peligros y problemas que podría tener que afrontar. Pero lo que ella sufrió fue culpa exclusiva del hombre que la violó y luego la mató. Nunca jamás, ni siquiera en la más mínima parte, suya.

Pippa Bacca, en todo caso, sigue siendo hoy el símbolo de sueños violados, de deseos rotos, de alas rotas. Ella, que se encontró con ese inmaculado vestido de novia manchado por la tierra que había tratado de ocultarlo, quedó como la voz y el rostro de las personas que aún depositan su confianza en los demás porque creen en él y porque quieren. Aquellos que nunca y luego “los buscan”, simplemente los sufren.