Matrimonio: el análisis psicológico de un evento

Como Wedding Planner, conozco cada detalle relacionado con la organización de una boda: decoración, iluminación, timing, coordinación …….¡¿Pero qué pasa mentalmente ?! Algunas preguntas pasaron por mi cabeza durante un tiempo, así que le pedí ayuda a mi colega de Roba da Donne. Cristina Colantuono, psicóloga, para ayudarme a responder algunas preguntas muy interesantes.

¿Cuál es la diferencia entre matrimonio y convivencia? ¿Por qué la gente a menudo tiene miedo de casarse?

Dejando a los juristas los discursos sobre diferencias fiscales, legales y administrativas, en la práctica diaria de la pareja no hay mucha diferencia entre matrimonio y convivencia: vivimos juntos, compartimos espacios, horarios, programas, bienes, vacaciones …
Sin embargo, desde el punto de vista psicológico, ¡realmente hay un abismo! Y cómo gestionar este abismo depende de las características personales de cada uno de nosotros.
Muy a menudo la firma del padrón matrimonial concretiza un compromiso que puede provocar ansiedad, que puede hacerte sentir “obligado” a un vínculo eterno, que perdura “hasta que la muerte nos separe” y esto es psicológicamente un giro brusco con respecto al sentido de “finitud”, de “libertad” inconsciente que tiene la convivencia.
Sin embargo, esto es una ilusión, una forma en que nuestra mente se burla de nosotros! Si hay un sentimiento y la relación es fuerte, con o sin firma de matrimonio, quizás incluso las historias sin “oficialidad” duren años y años, resultando así tan sólido y serio como el vínculo matrimonial. Con el matrimonio, en cambio, se jura ante Dios, familias y amigos sellando todo con un compromiso escrito, con una pareja de facto el compromiso es siempre recíproco pero no “oficial” y solo dentro del vínculo sentimental.
Puede parecer una sutileza, pero para muchos no lo es.
Pero “el mundo es bello porque es variado” y también hay personas que en cambio buscan precisamente ese carácter oficial, dotando al matrimonio de todas esas características de estabilidad y seguridad que obviamente un compromiso no ofrece y que en cambio contribuye a la tranquilidad personal, especialmente en presencia de inseguridades básicas o dependencia emocional por ejemplo.

Oí hablar de parejas que vivieron juntas durante varios años y luego de casarse tuvieron la impresión de que “algo ha cambiado”. ¿Es realmente así? Pero sobre todo ¿por qué sucede?
Mi respuesta solo se puede vincular a la anterior.
La historia evidentemente en estos casos continúa tanto por la presencia de un vínculo fuerte como por la ilusión de libertad, que “puedo interrumpir cuando quiera” o “para que nadie me obligue”.
Psicológicamente entonces el matrimonio te lleva a pensar que ahora no hay vuelta atrás y que el camino es obligatorio por lo que esto provoca sentimientos de ansiedad, pánico y “falta de aire” … que comprometen la relación.
E incluso ahora el discurso es doble: a nivel práctico en la pareja nada cambia, a nivel psicológico el compromiso parece más evidente.
Entonces, los cambios que se perciben se deben a la aparición de esta ilusión psicológica y, a menudo, a la falta de un diálogo sincero entre los socios que fácilmente podría disipar cualquier duda.
Sin embargo, dado que se trata de incertidumbres relativas a la relación y el paso importante a dar, se termina guardándolo todo dentro para evitar discusiones, sufrimientos y la incomprensión de cambiar estas inseguridades por rechazo personal.

Hace años, el divorcio era algo raro, se veía como un fracaso. Sin embargo, según estadísticas recientes, uno de cada cuatro termina. ¿Por qué?
¡Este hecho confirma que al final es realmente sólo una ilusión pensar que el matrimonio fuerza un vínculo eterno!
Hoy en día todo el mundo tiene la capacidad de separarse y así poner fin a la relación sancionada por esa firma que tanta ansiedad genera.
Las razones detrás de esto están ligadas a varios factores posibles: a los cambios sociales que han empobrecido nuestros valores y que ahora llevan a la gente a considerar el matrimonio disoluble, contrario a lo que creían nuestros abuelos o bisabuelos; a procedimientos legales que se han vuelto más ágiles y fáciles de realizar; a la misma cantidad de separaciones que por tanto lleva a pensar que “si todo el mundo lo hace, yo también puedo hacerlo” pero también a la fragilidad que caracteriza las relaciones modernas, quizás caracterizadas por una excesiva facilidad para decidir casarse, por una falta de constancia y el compromiso de cuestionar e invertir en la relación, desde una promiscuidad de conductas sexuales que consideren lícita cualquier situación, desde una falta generalizada de responsabilidad hacia los compromisos adquiridos con el cónyuge….
Una lista que podría ser infinita pero que evidentemente siempre depende de las situaciones concretas.

¿Qué importancia tiene la relación con la familia del cónyuge en la pareja?
Para comprender la importancia de la familia de origen en la relación de pareja, siempre es necesario relacionar la familia de origen con el carácter, personalidad, historia y educación de cada cónyuge individual.
Independientemente de los sentimientos, a menudo no se piensa que un matrimonio es la unión de dos individuos solteros que llevan consigo un conjunto diferente de experiencias, valores, cultura, educación, creencias …
Y en estas diferencias también está la concepción de las relaciones en la familia.
Por lo tanto, en la vida de dos cónyuges acostumbrados a lazos, situaciones, dinámicas familiares similares, el peso de la familia de origen no será gravoso, manteniendo la necesidad de un “rodaje” fisiológico para el establecimiento de relaciones pacíficas entre los dos núcleos. .
Por el contrario, si la educación y las relaciones con los miembros de la familia son concebidas de manera diferente por el esposo y la esposa, pero también los valores, hábitos y creencias familiares son diferentes, entonces el peso de la influencia sobre la pareja también puede ser muy difícil de controlar. encargarse de. Una carga que puede caracterizarse por peleas, malentendidos y un resentimiento creciente que en determinadas situaciones también puede comprometer gravemente el matrimonio.
Pensamos en todas las tragedias familiares a menudo en las noticias o incluso en ejemplos históricos como el famoso “Romeo y Julieta”.

¿Cuál es el secreto para tener un matrimonio feliz y duradero?
¡Siendo un secreto no puedo revelarlo!
En serio, no hay un consejo válido para cada uno de nosotros, como una panacea contra todos los males.
Cada persona, cada pareja, cada familia debe encontrar el equilibrio adecuado en el tiempo para poder resistir la erosión del tiempo que pasa.
Y una respuesta más específica debe tener en cuenta demasiadas variables y demasiados factores para discutir aquí.
Dejando de lado el compromiso que cada cónyuge debe dedicar a la propia relación, incluida la capacidad de suavizar aspectos del carácter que chocan con los de la pareja, el consejo que doy siempre va dirigido a una atención inagotable a la comunicación de pareja, un apertura al diálogo sincero, sincero y frecuente. Aunque nos conocemos desde hace mucho tiempo, ¡la telepatía no se puede dar por sentada!
Claramente, a esto también hay que añadir el respeto mutuo, la educación, la moralidad, la sinceridad, el altruismo …
La rutina y el hábito son los enemigos más crueles de la pareja y por ello un consejo más es mantener viva la atención hacia el otro, la defensa de los espacios de pareja, de compartir situaciones pero también de respeto a la individualidad y de las necesidades de los demás.
En conclusión, ¡lo más importante es no considerarse infalible!
Una buena dosis de humildad puede ayudar a advertir las dificultades con prontitud y, por tanto, a afrontarlas de inmediato, evitando correr a refugiarse cuando la situación ahora es grave.
Finalmente, ¡decidir por una agradable charla con un psicólogo siempre funciona a nuestro favor!