Mapa de actitudes y conflictos biológicos y espirituales

Cada conflicto no resuelto de nuestros antepasados ​​crea para nosotros lo que podemos llamar un secuencia emocional, que se convierte en una respuesta automática dada por nuestro cerebro en determinadas circunstancias particulares con el objetivo de dar la respuesta evolutiva a un problema que nuestros antepasados ​​no supieron superar.

Las secuencias emocionales heredadas e impresas en nuestro ADN determinan así todos nuestros comportamientos y emociones. Estos, si se aplican a nuestro favor, procuran dioses actitudes mi del capacidades infinitas, mientras crean contra nosotros de conflictos y de enfermedades.

Por ejemplo, si hemos tenido un abuelo prisionero de guerra durante mucho tiempo o un padre que ha estado en prisión, heredaremos el recuerdo del cautiverio en nuestro ADN. Consecuentemente tendremos fuertes emociones y fuertes dificultades si en nuestra vida tenemos que quedarnos en un lugar cerrado o trabajar en una oficina estrecha que percibimos como una prisión. Si nos viéramos obligados a trabajar en un lugar que de todos modos nos hace sentir mal, nuestro ADN con esta memoria desarrollará un problema de asma o claustrofobia. O un problema con las articulaciones de las piernas por no poder moverse y escapar de un lugar cerrado.

A través del análisis del mapa de actitudes biológicas y espirituales podemos tomar conciencia de los recuerdos de los antepasados ​​de los que somos herederos y finalmente comprender nuestras necesidades. Estas necesidades las encontramos en todos los ámbitos de nuestra vida (social, laboral, relación amorosa, relación con los amigos, deseo de vida y personalidad profunda …) y determinamos un modelo de vida personal.

Para volver al equilibrio basta con vivir de acuerdo con nuestra estructura personal que podemos identificar a través de los símbolos numéricos y arquetipos del tarot, deducibles de nuestra fecha de nacimiento.

Respetar el modus vivendi significa reconocer y abandonar los patrones de personalidad del ego que nos impiden vivir nuestras necesidades reales. También le permite crear una vida consciente que se puede gestionar. De lo contrario, estamos sujetos al juego del “destino”.

Vivir siguiendo nuestros programas biológicos y espirituales significa volver a estar equilibrados y felices.