“En la alegría y el dolor, en la salud y en la enfermedad”: la fuerza del amor de este hombre

El amor es quizás la emoción más fuerte y verdadera que puedas sentir. Un amor incondicional, que te hace olvidar toda tristeza y todo miedo. Un amor maravilloso, donde un hipotético dolor pasa a un segundo plano para dar paso a una felicidad impalpable pero real y sincera.

Rara vez se tiene la suerte de ser protagonista de tal sentimiento y mucho menos de poder ser espectador.
Eso es lo que le pasó al blogger Enrico Galletti, que pudieran ver con sus propios ojos cuanto amor, el autentico, realmente puede existir.

Habló de ello en su página de Facebook, a través de una singular y apasionante historia, vivida en una de las playas más bonitas de Cerdeña.

Galletti nos habla de un hombre en sus setenta, ese empujó la silla de ruedas de su esposa inválida por la arena, en un recorrido de casi tres kilómetros.
Su objetivo era llevarla al punto más sugerente de la playa, a pesar de los 39 grados, el sol abrasador y la ausencia total de plataformas de madera para discapacitados. Sin embargo, el hombre no vaciló ni por un momento, y siguió empujando la silla de su esposa, con un sombrero de paja sobre su rostro para secarse el sudor.

Le pregunté a este hombre, que por un tiempo me hizo olvidar la suerte de poder moverme sobre mis piernas, si necesitaba una mano.
No te preocupes – respondió con una pizca de indiferencia – Estoy acostumbrada a”.

¿Acostumbrado a qué? Me pregunto, en silencio. Mientras los tres tiramos de esa silla de ruedas y nos miramos a la cara. […]

Ese hombre, cuyo nombre no cito, nos hace comprender que está acostumbrado a la condición de autosuficiencia de su esposa.
De esa misma ‘chica’ que conoció hace treinta años, toda bronceada, y de la que se enamoró de inmediato.
De la misma mujer que ahora está ahí, sentada en una silla de dos ruedas, con la única arma de una sonrisa.

Fuerte, verdadero, sincero.

En gozo y dolor“, Yo creo que. “En salud y en enfermedad”.
Seguimos arrastrando la silla de ruedas. El silencio ahora es mío.

Le proponemos al hombre que se tome un descanso, que hubiéramos llevado la silla de ruedas al estacionamiento. Pero no acepta.
E insiste: “Has hecho demasiado“. Todavía silencio.
Una nueva gota de sudor le cae por la frente. “Nunca lo abandono”.

Enrico Galletti escribe, a través de sugerentes palabras que solo nos hacen imaginar lo importante que puede ser realmente el amor.

Y, como suele ocurrir cuando sois protagonistas de tan grandes sensaciones, a menudo nos preguntamos cómo debemos comportarnos: si somos nosotros los que tenemos que agradecer la buena experiencia vivida o ellos por ayudarlos.

Ella, la mujer, nos agradece con una sonrisa, por estar “interesada” en ella. Ambos sonríen.
Les doy las gracias, un poco incómodo.

Nos despedimos, cada uno sigue su propio camino. Vuelvo bajo el paraguas y continúan la larga subida para llegar al estacionamiento.
A los pocos minutos desaparecen del estrecho camino de tierra en el que lo dejamos.

Estoy casi aturdido, esperando encontrarme con ellos por segunda vez.

El bloguero sigue escribiendo, emocionado. Una experiencia que seguramente será difícil de olvidar.