“Abriendo la caja de Pandora”: el precio de la curiosidad femenina desde Eva en adelante

Eva, Circe, Pandora, el hada Morgana… ¿Cuántas figuras femeninas, en el mito o en la religión, se han asociado con algo deletéreo y peligroso para toda la humanidad?

Comenzando precisamente por quien, bíblicamente, es considerado nuestro progenitor, culpable de dejarse tentar y condenar su posteridad al dolor y la infelicidad, pasando por esa figura mitológica que, aún hoy, se asocia con un dicho para nada prometedor: no abras la caja de Pandora.

Para quienes no conozcan ni el significado de este dicho, ni la historia de Pandora, les aconsejamos que sigan leyendo el artículo.

El mito de la caja de Pandora

Según la mitología griega, hubo una época en la que los hombres y los dioses estaban indisolublemente unidos; en estos tiempos vivió Prometeo, etimológicamente “el que reflexiona primero”, un titán que sentía mucha compasión por los hombres, tanto que se empujó a robarle el fuego a Zeus, padre de los dioses que quería cambiar el destino de la humanidad, aún primitiva.

Zeus, enojado, decidió castigar a Prometeo de manera ejemplar, encadenándolo a una roca, donde todos los días sería picoteado por un águila que se comería su hígado, pero la venganza del dios no pararía ahí. Zeus, de hecho, decidió ordenar a Vulcano allí haciendo una mujer de extraordinaria belleza, a quien los otros dioses deberían haberle hecho un regalo: los que rendían homenaje a su valentía, los de belleza, los de actitudes hacia los trabajos femeninos, la niña se llamaba Pandora, que significa “todos los regalos”. A todos los presentes, Zeus agregó el suyo, un recipiente cerrado, con la recomendación de no abrirlo nunca.

Pandora fue luego enviada a la tierra, haciendo que el hermano de Prometeo se enamorara, Epimeteo, “El que no prevé”; Prometeo intentó por todos los medios disuadir a su hermano de casarse con ella, desconfiando de todo lo que venía de Zeus, pero fue en vano.

Pandora, sin embargo, no pudo resistir la curiosidad por saber qué había en esa caja que le había regalado el mismísimo padre de los dioses, por lo que la abrió; fue en ese punto que salieron del jarrón todos los males del mundo, enfermedad, muerte, engaño, violencia, miseria y, por último, pero no menos importante, esperanza.

Recordarnos tenerlo como acompañante en un viaje que es largo y que, en intenciones, depende únicamente de nosotros, mismo que, en momentos de dificultad, nos permite mirar hacia adelante con confianza.

¿Por qué dicen “abre la caja de Pandora”?

No es difícil entender la moraleja, si queremos llamarla así, detrás del mito de la caja de Pandora; su apertura, simbólicamente, representa el momento en el que el hombre se familiariza con el mal, y al mismo tiempo el de pérdida de inocencia.

Es también el momento en el que se enfrenta a sus propias responsabilidades, porque, así como ha sabido considerarse lo bastante independiente como para contravenir la advertencia de Zeus, también tendrá que ser capaz de gestionar todas sus elecciones, consciente de los efectos que pueda tener. plantearse.

Pero hay otro aspecto, en el mito de Pandora, que es el de dualidad: Pandora es de hecho formada por los dioses, quienes “insertan” algunas virtudes que les pertenecen, que de esta manera la niña también muestra a los hombres, pero al mismo tiempo le da lo que, en efecto, es la contraparte de todas estas virtud: el jarrón con los males del mundo.

Como decir eso virtudes y vicios son parte de una misma moneda, inherente a cada uno de nosotros, salvo que, si bien por razones obvias tendemos a mostrar -y a exaltar- las virtudes, con mucha más frecuencia tratamos de ocultar los vicios, que a veces son desconocidos, hasta que nos vemos obligados a hacerlo. llegar a un acuerdo con ellos, cara a cara.

¿Por qué se eligió a un personaje femenino como la heroína “negativa” (ya que ella es la culpable de la apertura del jarrón) del mito? Porque, como decíamos en la introducción de este artículo, históricamente se ha asociado a la mujer con cualidades que no son precisamente positivas, y la responsabilidad de las desgracias no solo para los hombres, sino en ocasiones -como en este caso- también para toda la humanidad.

En resumen, no es de extrañar que alguien todavía diga hoy “Quien dice mujer, dice daño”; la religión, la leyenda, la historia han forjado esta increíble creencia.

Pandora y la curiosidad femenina

Parece bastante claro cómo Pandora, en el mito griego, encarna la curiosidad, que luego terminó convirtiéndose en una característica estereotipada típicamente femenina (seamos honestos, es mucho más fácil escuchar sobre “chismes”, “entrometidos”, que “chismes” o “entrometidos”), pero también desobediencia. El mismo que, en la religión cristiana, lleva a Eva a comer ese fruto prohibido, sancionando la expulsión del Edén para ella y su progenie.

En definitiva, muchas de las mujeres protagonistas de la religión o de las leyendas han sido connotadas, a fin de cuentas, como “portadoras de la desgracia” debido a algunas características de su personalidad; y sabemos cómo esta desafortunada creencia continuó a lo largo del tiempo, lo que finalmente resultó en cacería de brujas, por ejemplo, que lamentablemente no es un mito.

Continuando en esta línea, podríamos decir que lo mismo Giovanna D’Arco No fue vista por sus contemporáneos de una manera diferente a como los griegos o cristianos consideraban a Pandora o Eva, de hecho. ¿Qué es lo que todas estas mujeres tienen en común, básicamente? Básicamente, todos han sido condenados por no haber aceptado la visión impuesta por otros (= hombres) y por haber captado el fruto del conocimiento, con todas las consecuencias del caso (ver Caja de Pandora).

También hay un hombre, si eso puede consolarte, que alguien ha terminado en el infierno por demasiada sed de conocimiento, y es Ulisse, relegado por Dante al grupo de consejeros fraudulentos de la VIII Bolgia del VIII Círculo, que murió con sus compañeros de viaje tras haber intentado cruzar las Columnas de Hércules. Evidentemente, eso “no fuiste hecho para vivir como brutos, sino para seguir la virtud y el conocimiento“No bajó particularmente a alguien …

El pobre Ulises, sin embargo, sigue siendo la única excepción masculina famosa, entre tantas mujeres acusadas de curiosidad y terquedad y, por tanto, culpables de las mayores desgracias humanas. Con tales premisas, esperar otra consideración en los siglos venideros era realmente difícil de esperar.

Artículo original publicado el 17 de septiembre de 2020